viernes, 6 de febrero de 2009

15 años después....

Adagio. Timbales inician y el fagot les sigue. El director saca la batuta y moviéndola con parsimonia dirige el ritmo que ha de acaecer. Lento y pausada como los siempre perfectos segundos de un reloj.
El piano adolece en su mano sinestra su primer acorde en sol sostenido menor.

Eran las 03.00 a.m. El cielo se encontraba plenamente iluminado, pese a que la luna y las estrellas se habían escondido para no divisar el dantesco paraje. Tampoco había sumministro eléctrico debido a los diversos problemas y fallos ocasionados durante días anteriores. A pesar de todo el cielo se encontraba plenamente iluminado, y el vermellón hacía eco de su beldad a la par de su crueldad.

Paso lento y firme, con los ojos puestos en todas las direcciones. Las calles estaban completamente desoladas, y excepto algún gato en busca de la poca comida, no se divisaba nada más. Era siniestro como la propia noche, y cautelosamente con el peso que llevaba me dirigía a aquello que llaman hogar.
La sed, el calor, y los diversos contratiempos hacían mi camino cada vez más pesado, y aunque no entendía nada absolutamente de lo que sucedía, notaba con toque cálido como si sobre mi cuello, en su parte posterior, le dieran un beso.
El agotamiento era casi completo, pero el miedo a permanecer más que el tiempo necesario en aquel lugar hacía mover mis piernas, arrastrándolas por el húmedo asfalto producto de las lluvias.
Seguía caminando.

Adagietto. El director da paso a los contrabajos, y dos segundos precisos después entran los violines. El piano da su primer acorde en la dextra y uno de los violines se une a dicha melodía. El ritmo claramente pausado da un toque de vivacidad sin perder el encanto de su marcha tranquila.

Un hedor yace de los más profundo de la tierra. Las alcantarillas, pienso en un primer momento, pero el olor es tan insoportable que es impensable que pueda ser producto de los deshechos propios de la ciudad. Tampoco pueden ser heces, es algo inconfundible, algo que no se puede olvidar.
Con algo de ropa trato de tapar mis orificios nasales con el proposito de no degustar algo tan insipido como lo que allí se respira. Luego recuerdo que ese olor es imposible de evitar. Algunos consejos que me habían dado sobre eso era tapar mi nariz con un trapo humedecido en vinagre, pero no dispongo de tal sustancia en ese momento, y mis pies y mi cuerpo se encuentra al borde de la extenuación como para acelerar mi paso.
Aún así, mi miedo a permanecer, y el plato que degusto dan un último impulso para incrementar mi velocidad, aún a costa de derrochar los últimos registros de energía que pudiera mantener.
Después de caminar durante cinco minutos a un paso ligeramente mayor salgo de ese lugar con ciertos mareos y nauseas.

Allegreto. El director abre sus dos manos, y los instrumentos se detienen. Ni una décima de error en su parada. Los timbales reinician la marcha mientras los violines emprenden un camino veloz, ligeramente soez para los sentidos. Desprecian con sus agudas notas a los oyentes, a la vez que endulzan a los mismos.

El peso se hace insoportable. Me quito todo aquello que no considero necesario. Aún así el peso sigue siendo muy superior a lo que mis fuerzas me permitan otorgar. Comienzo a sentir los primeros efectos de la inanición. Ahora, y con todo mi cuerpo muy mermado, escucho silbidos que provienen de todas partes, tantos que me resulta imposible predecir de donde podrían venir. Al final de la calle principal observo ráfagas de luces que se encienden y se apagan. Es hora de esconderse mientras los silbidos cada vez se hacen más fuertes. Estoy cerca de mi objetivo, pero aún así prefiero introducirme en uno de las ruinas que se encuentra la calle principal.

Presto. El director comienza a agitar su batuta mientras todos los instrumentos entran en acción. Los timbales golpean con violencia súbita otorgando una fiereza musical digna de admiración.

La casa en la que me refugio, debió ser antaño una casa señorial. Dispone de tres plantas, y en la parte superior se pueden observar como ocho habitaciones. La araña que cuelga del techo estaba construída en cristal de bohemia, ahora ya no queda más que pequeñas pesquisas de ella, como si estuviera hecha jirones.
Subo a una de las habitaciones. Y en ella me encuentro tirada a una persona. Va vestido como yo, pero su emblema es diferente, y sus rasgos se diferencian de los mios. Tiene las dos piernas practicamenta destrozadas pero parece que aún respira. Con pulso firme aunque tembloroso me acerco hacía él. Introduzco mi dedo en el guardamonte y ando muy lentamente. Él todavia consciente tratar de coger el arma que lleva enfundada. Disparo a bocajarro. Queda el tatuaje producido en sus ropas por estar a menos de diez metros. Su sangre ha salido disparada hacia mi rostro tiñéndolo de rojo. Mis cornéas pierden completamente su color blanco. Ahora mis ojos entonan el mismo color que el cielo y mi profunda cólera se vuelve en desesperación. Él o yo. Dilema imposible de dilucidar en una fracción de segundo, dilema que subyacerá durante toda mi vida en lo más profundo de mi pensamiento.

Largo. El director rompe el ritmo con un gesto, y los timbales, fagot y contrabajo inician el requiem final.

Me despierto del sueño. Y mi madre, mientras me encuentro empapado de un sudor frio con palabras amables me dice que tan solo ha sido una pesadilla. Este año viviré mi catorceava primavera. Sigo sin comprender la inverosimilitud del sueño mientras veo como mi madre abandona mi habitación.
Inquieto y nervioso por lo sucedido busco dentro de mi armario, en los cajones y en los demás recovecos de mi cuarto por si cualquier persona se pudiera encontrar en mi estancia.
Bajo la cama encuentro un fúsil de asalto AK 47.

5 comentarios:

Sandra dijo...

Hola Romu!! Gracias por tu visita y seguimiento. Te sigo!. Un abrazo.

mar dijo...

Que buen texto...aplausos para esa orquesta y estas palabras salidas al son de acordes de piano, timbales y violines...
Un besito y una estrella.
Mar

Glömska dijo...

preciso texto :) me encantan las orquestas tienen magia como tu relato
besitos

hargos dijo...

pasate por el blog,y no te asustes,nuestra amiga NOAH,NOS INVITA A PARTICIPAR EN UN MEMES un saludo

Teresa dijo...

¡Es escalofriante! Y el final, muy bueno. Me gusta la alternancia de los parráfos que describen la música y los relatan los sucesos y la escena.